Vibok Works | Volver a página home
FlickrVimeo Encuéntranos en:

Una conversación con Saskia Sassen // Paula Álvarez

Por: Paula Álvarez12/03/2013Una conversación con Saskia Sassen // Paula Álvarez
Tags: Rewrite this bookFoto: Saskia Sassen

Es un placer compartir este fragmento de la conversación entre Saskia Sassen y Paula Álvarez, inluida en el capítulo 'Los Deseos' del libro Arquitecturas Colectivas. © CC-BY-NC-ND 3.0.

 

Paula Álvarez: Usted se ha referido al poder político de ciertos proyectos sobre el espacio urbano  que a pesar de su modestia, funcionan como compensaciones ante una experiencia alienante de la ciudad. Muchos de estos proyectos se desarrollan en el marco festivales de arte urbano y eventos similares, ¿cree que podrían llegar a perfilarse como una opción para la construcción de ciudad, más allá de la eventualidad, la marginalidad o lo extraordinario?, ¿piensa que pierden estos trabajos  capacidad crítica cuando comienzan a formar parte de circuitos, de alguna forma, “comerciales”?

Saskia Sassen: No veo este tipo de trabajos como algo marginal ni tampoco extraordinario, sino más bien como una componente más que tiene lugar dentro de un ensamblaje de condiciones. Lo importante es que sean elementos dinamizadores, con capacidad de propiciar cambios, de favorecer transformaciones. En este sentido, me interesa identificar ámbitos que puedan escapar a la práctica habitual del diseño comercializado, o bien ámbitos en los que puedan insertase prácticas no exclusivamente comerciales... Voy a trazar una distinción algo artificial entre “diseño” y “práctica artística” para explicar esto: el diseño puede ser una mediación entre el hacer arte y el trabajo de obtener ganancias, mientras que las prácticas artísticas y culturales que me conciernen aquí son más bien intervenciones que desestabilizan esa mediación de alguna forma. Si enfocamos sobre las prácticas en vez de enfocar sobre los individuos que las ejecutan, tendríamos que un mismo individuo podría desarrollar tanto prácticas artísticas como comerciales; sin embargo la subjetividad que atañe a cada una de ellas es específica, y frecuentemente, suele ser bastante distinta.

Narrar ese indefinido espacio intermedio entre estos dos polos es un tipo de trabajo que podría ser político, pero no necesariamente en el sentido restringido de la palabra, como es el caso de las críticas explícitas al sistema formal político. En lugar de ello, aquí llamo "política" a la posibilidad de "hacer algo presente", de dar expresión a algo. Esto contrastaría fuertemente con el "diseño", que tiene como fin aportar mayor utilidad, lo cual hoy en día significa, cada vez más, lograr mayores ganancias. Entiendo como "intervenciones políticas" aquellas estrategias de narración que, en vez de consolidar lazos con el mundo del comercio, surgen, por el contrario, del mundo urbano y cotidiano.

P. A.: Siguiendo con las “luchas”, uno de los rasgos más singulares de Camiones Contenedores Colectivos es que se trata de una iniciativa que engloba una pequeña multitud de luchas micro-sociales. Al promover este proyecto, Cirugeda buscó vincular el trabajo de Recetas Urbanas al de colectivos activistas porque dice reconocer en ellos una fuerza social capaz de confrontar las desigualdades y la presión originada por el capital globalizado. ¿Piensa usted que para ejercer una práctica cultural crítica —desde campos como el arte, la arquitectura— es imprescindible trazar vínculos con los ciudadanos o la ciudadanía?

S. S.: La relevancia de los vínculos con los  ciudadanos varía dependiendo del tipo de práctica artística, pero sin duda sí son importantes en el caso de la arquitectura y las prácticas urbanas —aquí incluyo a aquellas que pertenecen a lo que se ha venido a llamar direct action art. Existen, por supuesto, múltiples maneras de plantear los desafíos que enfrentan a la arquitectura y el urbanismo como práctica y como teoría. Frecuentemente, lo que se ve como la postura más juiciosa es en gran medida intrínseca a los problemas específicos de la profesión de arquitecto, y no se extiende al campo social en el cual opera.

Pero vivimos un periodo estratégico para las prácticas urbanas. Los significados de la arquitectura y del urbanismo aún centrados en tradiciones más antiguas (con una vocación de permanencia) se hallan irrevocablemente desestabilizados en las ciudades complejas, es decir, en aquellas ciudades caracterizadas por la existencia de redes digitales, de masivas infraestructuras para el transporte, por fenómenos como la aceleración y las funciones económicas, ciudades en las que se produce una creciente enajenación. Aquellos significados más antiguos no desaparecen, continúan siendo cruciales, pero no pueden responder con facilidad a estas nuevas situaciones, incluyendo la creciente importancia de las redes, de las interconexiones, de los flujos de energía y de las cartografías subjetivas.

Los arquitectos necesitan afrontar la enormidad de la experiencia urbana; la presencia arrolladora de arquitecturas masivas y de infraestructuras densas en las ciudades de hoy; y la lógica irresistible de la renta y la super-renta, que organiza gran parte de las inversiones en las ciudades. Es un campo de una gran complejidad. El trabajo de capturar la esquiva realidad que las ciudades producen y tornan legible no es fácil de llevar a cabo. Las lógicas de la renta no nos ayudan a capturar esta ambigüedad. No puedo evitar creer que los artistas de acción directa constituyen parte de la respuesta, se trate de representaciones públicas e instalaciones efímeras, o de arquitectos como Cirugeda capaces de navegar en espacios y posibilidades que no forman parte del repertorio habitual.

P.A.: Dentro de los colectivos implicados podemos reconocer dos actitudes. Ambas reclaman la diferencia y el acceso a formas de vida “desnormalizadas”, pero desde un posicionamiento ideológico y una práctica muy diferente. Esto se ve muy bien reflejado en el enclave que elige cada grupo para instalarse. Una buena parte busca lugares apartados, con la voluntad de crear subjetivación política, centrada en la oposición; y otros se instalan en el espacio de la ciudad, con el deseo de generar espacios cívicos. Para los primeros el aislamiento supone libertad, impunidad y más opciones de supervivencia; los segundos, sin embargo, buscan la exposición como oportunidad para dejar una semilla crítica en su entorno, aunque esto los haga más vulnerables (en efecto, algunos han visto desaparecer sus proyectos). ¿Podría hacerse la inicitiva más fuerte si tendiera hacia uno de estos polos, o tal vez esta bipolaridad supone una ventaja estratégica?          

S. S.: Sí, captas muy bien una dinámica que se da, en general, y es cierto que hay muchos trabajos de este tipo que acaban siendo destruidos.

En cuanto a la polaridad que planteas, a mi parecer ambas estrategias son importantes, y siempre habrá distintos tipos de proyectos y subjetividades que prefieran una u otra opción. A menudo los proyectos que se instalan en vecindarios marginales con la voluntad de movilizarlos, dinamizarlos, tienden a querer ayudar directamente al vecindario —ayudar en el sentido de apoyar, producir narrativas criticas que empoderan a los residentes, y a los artistas marginados, etc. Y los proyectos que se deciden a intervenir en el espacio, por así decirlo, neoliberal de la ciudad, buscan un enfrentamiento público —y creo que tanto el hecho de la confrontación (del conflicto) como la voluntad de operar sobre lo público son aspectos valiosos.

Hay que decir que las prácticas y proyectos que se decantan por esta segunda opción han ido poco a poco cambiando su metodología, para evitar una destrucción excesiva de sus proyectos. Y es que esta destrucción  cada vez llega más rápido y con mayor violencia, haciendo a menudo invisibles las intervenciones: son borradas tan rápido que nadie llega siquiera a enterarse. Es por ello que cada vez son más frecuentes las prácticas de lo temporal, o los proyectos que  operan tanto a nivel de vecindario acogedor como de espacio  expulsador; además lo hacen en ciudades  con zonas de transición, como Berlín, Londres, Barcelona o Bruselas. Con “zonas transición me refiero”, en parte, a zonas afectadas por procesos como la gentrificación, que marcan mucho a estas ciudades, pero también a la situación que se deriva de la paralización de algunos de sus grandes proyectos de construcción. Lo que esta haciendo Cirugeda, si lo entiendo bien, es de gran valor, porque da un paso más, por decirlo de algún modo, en relación con todo esto. Estas intervenciones pueden representar los primeros pasos de una trayectoria más amplia, y en el fondo lo que está haciendo Cirugeda es apoyar este impulso.  

P. A.: Cirugeda cree en la posibilidad de una ciudad autogestionada por sus habitantes. Esta convicción le ha llevado a propiciar las conexiones entre los diversos colectivos para crear una trama más allá de la colección de casos particulares. A medida que los diferentes espacios se materializan, se va tejiendo una red distribuida de ayuda mutua, una red que está asociada a un enjambre de construcciones temporales y móviles, con sus respectivos convenios de ocupación de solares, a un trasvase de materiales y recursos de todo tipo, a un fluir de actividades. En la medida que las ocupaciones ofrecen recetas reproductibles y el proceso va implicando a nuevos proyectos, ampliando y fortaleciendo vínculos ¿sería demasiado aventurado pensar que estamos ante la creación de una infraestructura arquitectónico-vivencial, que es la vez una especie de organismo político?

S. S.: Esto que planteas me parece un proyecto extraordinario: combinar aspiraciones con el hacer infraestructuras donde distintos residentes, actores, programas y objetivos puedan ser desarrollados. El término que usas, una “infraestructura arquitectónico-vivencial”, sí, acapara tanto significado y rompe barreras entre términos que no se combinan tan a menudo…

En el fondo, la realidad que busca describir es un nuevo tipo de ensamblaje que combina viejos y nuevos elementos. En efecto, puede contener muchos viejos elementos, pero estos ahora son configurados a partir de una nueva lógica organizacional. Esto es algo que me parece muy importante como trabajo práctico que es necesario realizar, pero también como un  cuadro analítico que nos permita entender diversas modalidades a través de las cuales se podría llevar a cabo un cambio, una transformación. Pensado de esta forma, lo que implica este tipo de organización, es que es posible que llegue a darse un cambio radical si existen muchas componentes preexistentes (componentes de la realidad que se busca cambiar) en la infraestructura, de forma que, dado un nuevo ensamblaje, se produce también una nueva lógica organizacional de lo preexistente.

P. A.: La organización de esta infraestructura no parte de un plan perfectamente trazado, sino más bien flexible e improvisado. Por otra parte, cada colectivo ha influido y configurado la infraestructura sin determinarla, a la vez que goza de libertad en su espacio. En definitiva, no estamos ante una estructura jerárquica, pero tampoco ante una red exactamente horizontal o auto-organizada. ¿Podría una infraestructura de este tipo alcanzar una dimensión urbana afianzada y estratégica? ¿Podría contribuir a un nuevo entendimiento del fenómeno complejo de la ciudad?.

S. S.: Este que presentas es un esquema complejo. Ante todo es crucial, y a la vez muy inaudito, que los sectores desaventajados de la ciudadanía puedan llegar a tener un tipo de organización como esta. Una organización que sea a la vez un proyecto y una infraestructura material y organizativa. Este aspecto me parece importantísimo, y  si bien vemos situaciones similares en diversos lugares del mundo, sigue siendo algo muy insólito y singular, por el nivel de organización alcanzado y por la extensión temporal del proyecto —que si he entendido bien comienza con las primeras obras de Cirugeda hace quince años. Por ello me resulta tremendamente extraordinario.

Ahora bien, existen varios desafíos. Uno de ellos es cómo se podría maximizar la capacidad de esta “infraestructura”  para movilizar  la multi-escalaridad de la ciudad. Quiero decir, la ciudad es un sistema complejo que contiene muchas ecologías diversas —esta infraestructura promovida por Cirugeda es también una ecología— y esto conlleva que la totalidad venga cargada de dinamismo y de tensiones. Es un organismo viviente, por así decirlo, que no se puede controlar completamente, ni tampoco planificar centralmente. Además, es seguro que los desafíos para esta infraestructura van ir cambiando, así que me parece crucial que pueda tener la capacidad de responder, y a un nivel más complejo, de cambiar los ensamblajes, es decir, la lógica organizacional, a través de la cual funciona vuestra “ciudad”, o que, en sí misma, es vuestra ciudad. Esto es algo que cambiará de ciudad a ciudad y de época a época…Viñetas 

Collage de Alice Attout / Recetas Urbanas.

Esta entrevista forma parte del capítulo 'Los Deseos' del libro Arquitecturas Colectivas. editado por Vibok Works, Sevilla, 2010. La entrevista completa se puede encontrar aquí y aquí.

Vibok Blog

RSS

Vibok Works es un estudio dedicado al pensamiento y la acción crítica sobre los espacios habitados. Nuestros trabajos son experimentos creativos “en devenir” que cruzan edición, arte, arquitectura, diseño, performance e investigación.

Tweets por @vibokworks