Vibok Works | Volver a página home
FlickrVimeo Encuéntranos en:

Aldo van Eyck nada importa / Réquiem por la (buena) arquitectura

Por: Paula V. Álvarez12/02/2016Aldo van Eyck nada importa / Réquiem por la (buena) arquitectura
Tags: comentario

¿Sabrá la gente que vive y trabaja en los alrededores del Estadio Olímpico de Ámsterdam de la existencia de una obra maestra de arquitectura -un monumento nacional- en su zona? ¿Será familiar para ellos la presencia de arquitectos peregrinos preguntando por este edificio de culto en las afueras de la ciudad? ¿Habrán sentido curiosidad por acercarse a conocerlo? Estas son las preguntas que me iba haciendo camino de ‘Het Burgerweeshuis’, el antiguo orfanato municipal que Aldo van Eyck construyera entre 1955 y 1960 al sur de Ámsterdam. El conductor del autobús, el ciclista, el transeúnte, la camarera de la cafetería más cercana y los guardas del parking del estadio no tardaron en sacarme de mis dudas: nadie sabía de este edificio y a nadie parecía importar, a pesar de que la existencia de una edición limitada de un sello con su inconfundible volumetría podría hacer sospechar, por un momento, de algún tipo de orgullo nacional. Por el contrario, mi interés por dar con el antiguo orfanato era recibido con tanta amabilidad como extrañeza, y en algunos casos, una inconfundible compasión. Aquella indiferencia era sólo la antesala de lo que iba a encontrar al llegar. 

2 ve

La obra maestra del estructuralismo holandés, tantas veces celebrada por su dimensión humana, está en un penoso estado de abandono. Junto a las puertas de los diferentes pabellones en torno al patio principal aun pueden verse los letreros con los nombres de las diversas empresas que no hace mucho debían ocupar los distintos pabellones. Han sido varios los intentos de reactivación del edificio tras el traslado a Rotterdam del ahora desaparecido Instituto Berlage, el postgrado en arquitectura fundado por Herman Hertzberger, discípulo de van Eyck, que ocupó el antiguo orfanato entre 1990 y 2000 (ahora reconvertido en centro de investigación en Delft). Recordaba haber leído que uno de estas tentativas de reactivación había consistido en crear una especie de vivero de empresas o algo así, y poco menos que esperaba encontrarme una comunidad creativa y bullente floreciendo en este entorno privilegiado. Pero lo único que aquí florece es la basura, amontonándose en todas las esquinas.1 ve

No es que el edificio -hasta donde llega mi conocimiento, restaurado al menos una vez- esté mal conservado: salvo el óxido en las farolas del patio principal, el estado de la construcción es bastante bueno; el de las carpinterías, las cubiertas y las fachadas es francamente excelente. Pero es precisamente esto, el completo desuso del edificio, olvidado, vacío, desperdiciado, pese a su buen estado, lo que produce escalofríos. Me pareció una metáfora de lo que le ha pasado a la profesión, y en cierta medida a la disciplina, de la pérdida de relevancia social y cultural de los trabajos de arquitectura bien hechos, pese a estar cuidados, esmerados, pese a ser sensibles hacia los "usuarios", el "contexto", la "economía", la "ecología". Pensando en esto estaba cuando, al girar la esquina al salir del patio, encontré unos módulos que sí parecían tener vida. 

3 ve

Ocupados por una aséptica clínica dental ortodoncista, los pabellones que dan a la vía de circulación principal son los únicos pocos metros cuadrados en uso; irónicamente, han dotado de "fachada" a un edificio que se caracterizó por eludirla. Fingir que necesitaba un tratamiento dental parecía la única forma de visitar el interior del edificio, algo imprescindible para percibir el juego de lo que van Eyck llamaba "espacios intermedios": las múltiples gradaciones y articulaciones entre interior y exterior, estancias y circulaciones, autonomía y conectividad, la pequeña escala y la grande, lo individual y lo colectivo, lo singular y lo diverso, que son el sustento de la gran influencia y admiración que ha producido este singular diseño. Sabía que no me dejarían deambular por el interior, experimentar la fluidez del espacio, comprobar cómo van Eyck invitaba a los ocupantes, a través del diseño, a mezclarse y moverse libremente de un área a otra. Pero decidí llamar al timbre e intentarlo, entre otras cosas para compartir el interés que me había llevado allí con las personas que de forma cotidiana disfrutan este espacio. 

4 ve

Aunque ni van Eyck ni su edificio podían escucharme, sentí que era importante reivindicar en voz alta el valor de aquello, contarles que había venido de muy lejos para verlo, y solicitar amablemente una excepción a la norma. Me empujaron fuera sin apenas dejarme hablar, pero aun pude decirles que, en mi opinión, no merecían aquel edificio ni el amor que el arquitecto había puesto al hacerlo. ¿Qué es lo que ha fallado en el Orfanato, una síntesis espacial y constructiva considerada revolucionaria por los arquitectos, un lugar por el que, como me comentó mi amigo y crítico de arquitectura Davide T. Ferrnado, tantos de nosotros pagaríamos por solo entrar unos minutos? ¿Es este desencuentro entre arquitectura y sociedad un fallo de la arquitectura, es su idealismo lo que la ha separado de una realidad cruda -como sugieren Failed Architecture- o estamos ante un fallo de la cultura y la sociedad?

0 ve

Siempre he rechazado los argumentos que victimizan al arquitecto como genio creador incomprendido, enfrentado a una sociedad que no sabe valorarlo. Desde mis años de estudiante he seguido con interés la crítica cultural que desde los 60 se ha hecho a la arquitectura desde disciplinas como la antropología, la geografía o la sociología; siempre me ha molestado el ensimismamiento y elitismo de cierta parte de la profesión, su paternalismo, su ambición, esa condescendencia hacia los otros revestida de heroicidad. Pero en el orfanato de Aldo van Eyck, un espacio de tal potencial pese a su antigüedad y todos sus fallos, sentí que era la sociedad y no la arquitectura la que está haciendo aguas. Porque no me cabe duda de que si la arquitectura -entendida en un amplio sentido como modificación y diseño distribuido del hábitat, en todas sus heterogéneas dimensiones- fuera una asignatura de primaria, como lo son la música, el deporte, el segundo idioma o la educación medioambiental (¿acaso es menos importante o básica que estas materias?), serían mejor apreciadas las calidades y potencialidades, cuando existan, no ya de la buena arquitectura, sino de nuestro hábitat en general. También sabríamos sacar mejor partido de ellas. 

7 ve

Conocer algo es quererlo, ser parte de algo es cuidarlo. Entonces estamos ante un círculo vicioso: el elitismo, la mitificación y el ensimismamiento implícito en la arquitectura entendida exclusivamente como obra de autor y como producción profesional hiperespecializada bloquea la posibilidad de una mejor apreciación de la misma, basada en una relación más inclusiva, amplia y cercana con ella como campo de saber y desempeño. Si el abandono del 90% de este edificio me sugería una metáfora del actual desprecio por la arquitectura, la clínica dental, parapetada y opaca -la única forma de ocupación permitida desde que se declaró como monumento nacional en 2014- me pareció un reflejo de cómo el cierre de la arquitectura constituye si no su mayor trampa, una de las que más nos conciernen. Habría que redefinir lo arquitectónico para hacer espacio a un encuentro. Es por eso que me parece fundamentales las exploraciones que realizan autores como Andrés JaqueElii o Tallerde2 y en especial, el foco que ponen en la redefinición del espacio narrativo y comunicativo en torno y dentro de la arquitectura. O iniciativas como La Casa del Pumarejo en Sevilla, que promueve una definición de lo monumental y lo patrimonial en la que la calidad en la forma de vivir y usar un edificio es tan parte de su valor socio-cultural como la calidad del diseño espacial y material que las sustenta. Hay que cuestionar todas las asunciones, amplificar y afinar la percepción de la arquitectura como interfaz, y desde aquí abrir el campo de acción, hacer espacio a la posibilidad de imaginar nuevas relaciones y nuevas rutas. 

5 ve

Desde que fue declarado monumento nacional (después de décadas de abandono) el edificio no puede modificarse ni renovarse, y como han denunciado René Boer y Michiel van Iersel, tampoco podrá volver a reconquistar su original dimensión social. Son muchos los debates y proyectos que discuten el aprovechamiento y reciclaje de estructuras materiales que han quedado como desecho de la crisis inmobiliaria; pero el orfanato bloqueado y en desuso -la profesión infrautilizada- es un problema de derroche inmaterial. Es como un grifo de agua permanentemente abierto, una fuente a la que nadie va... o casi nadie. Al adentrarme en el juego de soportales, patios y espacios ajardinados entrelazados tras la vía principal de acceso, entendí de donde procedía toda aquella basura desperdigada: esta zona menos expuesta ha sido tomada por "ocupas" ahora ausentes, posiblemente expulsados por las inclemencias del tiempo. El viento ha esparcido sus colchones, ropa, utensilios, desperdicios, por todo el lugar. El edificio colindante es un colegio o una guardería y están en el recreo durante mi visita. El sonido de los juegos y las risas de los niños al otro lado de la valla inunda los porches desiertos del antiguo orfanato con un efecto fantasmal. 

8 ve

No puedo dejar de pensar que estas personas sin techo, al buscar su refugio en los patios, jardines y porches -el interior está intacto- hacen mejor uso del edificio que la clínica dental blindada tras estores o cualquiera de sus potenciales ocupantes: los promotores, despachos de abogados o instituciones financieras que están descubriendo esta parte de Amsterdam y convirténdola en distrito financiero. Pues al fin y al cabo, y pese a la porquería, son los únicos que están haciendo que tenga sentido el concepto de "espacios intermedios"; lo amplifican incluso: todo el orfanato en sí es un espacio intermedio para los huérfanos de la sociedad. Ello no quita que las imágenes sean desoladoras. No quise tomar muchas, casi me da pudor mostrarlas. Hay algo obsceno en ellas, especialmente para quien tenga en mente las fabulosas fotografías en blanco y negro de los niños jugando en los círculos que, marcados en el suelo de los porches, dejaban en ellos una huella material del espacio-movimiento interior-exterior que van Eyck teorizó construyendo. Pero también hay algo obsceno en el hecho de que si buscamos el edificio en Internet solo encontremos un souvenir histórico, como si efectivamente hubiera desaparecido, como si ya no existiera, como si lo hubieran demolido. Esta política (o poética) de la imagen es para mí un modo de borrarlo definitivamente, es una forma inconsciente de desprecio. Sigo sin encontrar imágenes similares en Internet tras varias búsquedas, apenas una de una barbacoa en este mismo rincón perteneciente al film Orphan de Failed ArchitectureLa honestidad con la situación del lugar al mediarlo, si bien brutal, es en mi opinión la mejor forma de respeto. 

9 ve

Curiosamente, los almendros (son almendros, creo) plantados en las esquinas de los patios de este entramado están en flor en pleno invierno. Han crecido sin control, como sin control se arremolina en su base la basura, y golpean casi contra los ventanales que los separan de las aulas desoladoramente vacías. Caminando entre los patios, cuando la luz se refleja de tal forma que convierte en espejo el cristal, la diferencia entre exterior e interior se difumina, como si la vegetación hubiera penetrado en el interior. No pude evitar fantasear con una "naturaleza" salvaje y descontrolada -vegetación, aves, insectos- capaz de saltarse por las buenas este límite para invadir los interiores del edificio en desuso, de la misma forma que los niños del orfanato invadían los porches y los patios con sus juegos. 

10 ve

No es fácil resistir la tentación de pensar qué hacer si pudiéramos intervenir sobre este edificio. Mientras recorría estos espacios "ocupados" sin hallar forma de acceder al interior, un solo pensamiento venía a mi cabeza. Suprimir todos los cierres acristalados y dejar y promover que la "naturaleza" -la vegetación, el viento, aves, insectos, nuestros propios cuerpos, los aromas, los sonidos- cruzasen a través de este límite, volviendo a definir, de otra forma, esa gradación que van Eyck intentó con pavimentos, cerramientos, cubiertas, pilares, acabados y otros elementos tradicionalmente arquitectónicos. En los paramentos cerrados de las divisiones interiores colocaría espejos que reflejasen el espacio circundante, devolviéndonos nuestro reflejo inmerso en él a lo Dan Graham, y confundiendo aun más exterior e interior hasta borrar la posibilidad de la lectura racional de la trama geométrica, convertida en espejismo, en laberinto. Reubicaría quizás, tendría que pensarlo, algunas de las cortinas de techo a suelo para crear cierres "ligeros" de forma circular, doblando los círculos del pavimento exterior en localizaciones interiores estratégicas. El suelo también sería "blando" y cálido: estaría cubierto de alfombras, de moquetas, de cojines y almohadas confeccionadas con coloridos tejidos exóticos provenientes de culturas no occidentales. Habría conexiones por doquier, como en la Supersurface de Superstudio, para enchufar móviles y tablets, portátiles, y también habría libros, lápices de colores, instrumentos musicales... Como Cedric Price y compañía en su propuesta de un urbanismo sin plan, cuidaría de no definir uso alguno, pero sí programaría discusiones, comidas, bailes, teatros y conciertos. La comunidad (o grupo) responsable sería espontánea, diversa, transnacional y cambiante, y no habría cierre ni llave. Se podría circular libremente a su través y todos estarían invitados a proponer y explorar posibles destinos del edificio -de la arquitectura- como infraestructura disponible, como paisaje "natural" abierto y auto-organizado, cual ruina piranesiana habitada. Habría un programa de radio y puede que otro de televisión. Situaría por doquier cámaras de vídeo que proyectarían permanentemente, offline y sin censura, todo lo que sucede dentro sobre la quebrada envolvente exterior en contacto con la trama urbana, sin llegar jamás a grabarlo. Tendría que pensarlo bien y trabajar mejor la "partitura", pero el objetivo lo tengo claro: convertir este edificio en una especie de jardín o parque semi-cubierto, un espacio de contemplación, para la recreación, el pensamiento y la curiosidad, completamente accesible y abierto, una ruina-follie gigante en continua transformación e incertidumbre, un paisaje agónico y performativo semi-organizado dedicado a los huérfanos de la arquitectura -de la cultura, de la sociedad- y sus conflictos, una infraestructura-interfaz disponible para la imaginación, la celebración y el encuentro entre los no necesariamente afines o semejantes. 

6 ve

Un buen amigo no-arquitecto que no sabe de Le Corbusier y Venecia me sugirió que este edificio podría convertirse en una extensión del hospital cercano, en el que él había nacido. Me pareció un buen destino. Otro amigo me sugirió que se podría habilitar una casa de acogida para refugiados sirios, rescatando así su dimensión humana. Sin embargo, lo único que soy capaz de desear para este lugar es una intervención catártica (¿poética, política?) que radicalice las sombras que lo envuelven hasta convertirlas en brillos, como si el edificio -la (buena) arquitectura- estuviera interpretando su propio réquiem. Existe un problema de gestión del uso del edificio, pero la buena gestión de su uso no es el problema. No creo que promover un uso idóneo y rellenar con actividades un contenedor ejemplar nos saque del abismo. Tampoco es una cuestión de conciliar lo que existe con necesidades en marcha. Congelar en el tiempo la arquitectura como monumento es una nefasta forma de protegerla. Hay que redefinirla por completo como agencia en virtud de su capacidad de mediación en las relaciones heterogéneas entre los humanos y los que no lo son, la naturaleza, la sociedad y cultura, la tecnología, la comunicación y la enseñanza, hasta tal punto que la distinción entre uso y arquitectura, actividad y contenedor, nos resulte absurda. Hay que trabajar sobre las superficies, los materiales, los límites, las actividades, los afectos, los deseos, y ensamblarlos en interfaces heterogéneos. Sólo a partir de aquí, en mi opinión, podremos comenzar a descubrir cuáles son nuestras opciones en una situación que para tantos de nosotros está resultando trágica. 

Vibok Blog

RSS

Vibok Works es un estudio editorial independiente, dedicado a fomentar el pensamiento, el debate y la crítica acerca del papel de la arquitectura en la producción del entorno habitado y el conocimiento sobre el mismo a través de libros, exposiciones, instalaciones, debates y otros formatos y proyectos. Nuestras produciones propias son experimentos creativos desarrollados a largo plazo que cruzan edición, arte, arquitectura, diseño, narrativa e investigación. Realizamos además trabajos en colaboración asi como servicios editoriales y de consultoría para diversas instituciones y colectivos culturales.

Tweets por @vibokworks