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Entrevistamos a Andreas Ruby / Ruby Press / Editor Talks Series / Books.

Por: Vibok Works28/10/2013Entrevistamos a Andreas Ruby / Ruby Press / Editor Talks Series / Books.
Tags: Books, Editor TalksFoto: © Simon Menges. Cortesía de Ruby Press.

¿Por cuánto tiempo el consumo acelerado de imágenes y reflexiones comprimidas se mantendrá en alza como un modo aceptable de aproximación a la arquitectura? Ante el abuso de las publicaciones comerciales de larga tirada y la profusión de información superficial en internet, cada vez es más palpable la emergencia de lectores exigentes que demandan el placer de disfrutar un buen libro en sus manos. El trabajo editorial cualitativo y el compromiso con la gestión del conocimiento es escaso pero cada vez más valorado.

Conscientes de la influencia decisiva que la forma de comunicar y presentar la arquitectura tiene en la construcción cultural y el valor social de la misma, Andreas e Ilka Ruby (historiador de la arquitectura y arquitecta) llevan cinco años apostando por el libro impreso como vehículo para la perspectiva crítica, la exposición creativa y la calidad literaria y artística. El trabajo que realizan es elaborado y selectivo. Analizan proyectos y temas de interés en profundidad, facilitan la comprensión del contenido y el placer en su recepción. Su ambición es crear publicaciones capaces de iniciar conversaciones y generar nuevas ideas en el lector.

Hemos tenido el placer de hablar con Andreas Ruby y adentrarnos en un proyecto editorial que surge de la pasión por comunicar la arquitectura para ser compartida, comprendida y apreciada.

PAULA V. ÁLVAREZ: La cultura digital ha transformado los hábitos de lectura al punto que la exposición de la información opta a menudo por adaptarse al consumo acelerado y la atención fragmentada. Desde vuestra experiencia como lectores además de editores, ¿pensáis que la cultura digital ha transformado los modos de recepción de los libros? Si es así, ¿qué retos plantean estos nuevos modos de recepción al libro impreso? ¿Cómo veis el panorama actual de los libros y su uso real por la sociedad?

ANDREAS RUBY: La cultura digital hace los libros impresos no menos sino más relevantes. Hay una nueva división del trabajo. Los canales digitales se utilizan para obtener información rápida y de corta duración, se lee y se olvida rápidamente. Pero es difícil encontrar información de calidad. Si estás buscando materiales de un proyecto de arquitectura, por ejemplo, encontraras rápidamente algunas fotografías en muchos sitios diferentes (aunque la mayoría de ellas serán las mismas). Pero es mucho más difícil encontrar buenos dibujos. Para eso, básicamente, sigue siendo necesario referirnos a los libros, que nos aportan la naturaleza física de la información. En la pantalla, las cosas no tienen escala. Se amplían y se alejan sin límites. Pero los libros, al igual que los edificios, tienen una escala concreta, y existe una gran diferencia si contamos una historia en un pequeño libro de bolsillo, como nuestra serie "Ensayos sobre la teoría de la economía política de la forma urbana", o en un formato de retrato monumental A3 como nuestro catálogo en el Tour de Bois-le-Prêtrede París por Druot, Lacaton&Vassal.

Si bien el impacto sensual de una página web siempre está condicionada (y en cierta medida neutralizada) por el formato normalizado y la materialidad predeterminada del monitor retroiluminado, un libro presenta su contenido al lector siempre en función de su formato fijado, su papel y textura —es decir, a través de su aparición como objeto tangible. No puedes tocar la información en una pantalla; y si lo haces, mancharás de grasa el brillante ordenador, algo que te hará distanciarte aún más el contenido al que intentas acceder. Hay un agrado inocente en la forma de "estar" de los contenidos incluidos en un libro. Es ese color particular de impresión sobre el que puedo frotar el pulgar, es ese tipo de olor que me atrae o repele (que nunca me dejará sensualmente indiferente), esa mágica superficie satinada del papel que absorbe parte de la tinta de impresión en su interior, y deja que parte yazca en el exterior.

Me gustan los efectos que permiten a los libros jugar, seducir y manipular al lector de una manera lujuriosa. La monografía de Peter Märkli de las publicaciones de la AA (editado por Mohsen Mostavafi y diseñado por Frost) lo expresa muy bien: es un formato muy grande, casi cuadrado, y de un par de centímetros de grosor. Esperas que sea pesado al agarrarlo, pero cuando por fin lo tienes en tus manos, te sorprende lo liviano que es. Esta impresión fue, por supuesto, cuidadosamente planeada por los diseñadores. Eligieron un tipo de papel de impresión que tiene un volumen alto, pero de baja densidad, y por lo tanto un peso relativamente bajo. De esta manera, la elección del papel se contrapone a la monumentalidad de la forma. L​lo que podría haber llegado fácilmente a ser una pesada monografía acaba por plasmar una crítica muy sutil al narcisismo en la representación arquitectónica. Para este tipo de operaciones necesitas una paleta fenomenológica muy rica y desarrollada en el tiempo a través de trabajos con libros tradicionales. Tengo la sensación de que, cuanto más digitalizada está la sociedad, mayor es la comunidad de amantes de libros que dan importancia a esta sensual particularidad de los contenidos. Por lo tanto, también creo que el libro impreso tiene su relevancia y legitimidad en la era digital.

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P. A.: En los últimos años han surgido, como islas en un océano de información indiferenciada, numerosas publicaciones independientes en formato impreso. Desde diferentes posiciones, todas ellas comparten una agenda común: introducir un amplio debate sobre el contexto económico, ambiental y sociocultural en el que la producción de arquitectura se desenvuelve, cultivando una actitud reflexiva y fomentando la capacidad crítica. Hablamos de Criticac, Le Journal Speciale'Z, Monu o San Rocco, publicaciones periódicas en su mayoría. ¿Dónde quedan la edición y la publicación de formatos pensados para un plazo más largo, como son los libros? ¿Pensáis que el formato libro puede ofrecer también un vehículo para la crítica? ¿Cuáles son los puntos fuertes del libro frente a otros formatos?

A. R.: Las revistas y los libros sirven a diferentes propósitos. Una revista puede suscitar un debate al sacar a la luz un tema  o enfoque particular. Una revista provoca al Zeitgeist y a su comunidad para reaccionar y producir más contenido. Los libros, en cambio, cuentan historias. Ellos pueden y deben explorar un tema con una profundidad con la que una revista jamás podría. Un libro, básicamente, desarrolla una narración e invita al lector a seguirla en su camino; es un viaje a recorrer juntos, y eso es un estado intelectual muy diferente en comparación con la actitud en el caso de lectura de una revista. No obstante, un libro puede ser un vehículo para la crítica, tanto como una revista, si es capaz, a través y más allá de su contenido narrativo, de enmarcar una nueva forma de ver el mundo.“Arquitectura sin arquitectos " o " Aprendiendo de Las Vegas " fueron ese tipo de libros para mí: me hicieron ver el mundo de la edificación de una nueva manera y definieron nuevos criterios de juicio que fueron útiles para valorar ejemplos de la producción arquitectónica en general.

También me gusta mucho un libro como "The Charlottesville Tapes", que trató de criticar un cierto tipo de discurso de la arquitectura que, de acuerdo con los protagonistas de ese libro —el quién es quién del posmodernismo arquitectónico de Eisenman a Krier a Ando— estaba mostrándose demasiado dependiente del discurso de los críticos mientras excluía a las voces de arquitectos como protagonistas discursivos, y no sólo responsables de edificios. Este libro transformó la forma en que se discutía la arquitectura en la década de 1980 probablemente más que cualquier revista de la época. Nos dio ejemplos de cómo se puede realizar un argumento a favor o en contra de la arquitectura, librándola de la auto-indulgencia del crítico "sabihondo" que, primero y ante todo, tiene que establecer la superioridad de su juicio.

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P. A.: Personalmente situaría a Ruby Press como parte de una reciente exploración sobre formas de concebir la publicación que disuelven la diferencia entre revistas y libros, contenidos impresos y digitales. Un ejemplo es la exploración de narrativas no-lineales en “Something Fantastic, A Manifiesto” (2010) o la superposición de capas de información y la multiplicación de las entradas en “Urban Transformation” (2008). ¿Tenéis interés en desarrollar formas de interactividad aprovechando las posibilidades intrínsecas del formato impreso? ¿Estáis interesados en maneras de combinar las tecnologías de la información y los medios impresos?

A. R.: Principalmente estoy interesado en libros que operen en diferentes capas. Por esa razón nosotros tratamos de evitar libros puramente textuales o libros puramente visuales. Nos gusta que los libros combinen textos e imágenes en capas interconectadas. Algunas cosas se pueden comunicar mejor con texto, otras mejor con imágenes. Me gustan los libros que permiten ser leídos de diferentes maneras; asi un libro que contenga partes donde realmente puedes y tienes que entrar profundamente en la materia, y también partes en las que puedes pasar de manera más o menos ligera. Por lo tanto, puedes disfrutar diferentes ritmos y velocidades en un libro.

Roland Barthes, uno de mis escritores favoritos, escribió en “Le Plaisir du Texte” que probablemente nadie haya leído nunca los libros de Proust o Balzac palabra por palabra, desde el comienzo de la portada hasta su final con idéntica atención. A veces hojeas despiadadamente las páginas dedicadas a la meticulosa descripción de la decoración del sofá y sus detalles bordados porque simplemente estás deseando saber si la sobrina se enamora del jardinero o no. La suerte con Proust es, según Barthes, que con cada simple lectura puedes apreciar diferentes pasajes, nunca el mismo libro. Para él, el placer del texto emerge cuando el lector se toma la libertad de aumentar o ralentizarla fluidez del texto. Nosotros intentamos incorporar esas diferentes velocidades y densidades de información en la manera en la que componemos nuestros libros.

También me gustan los libros que consiguen satisfacer a múltiples audiencias con diferentes intereses. Alfred Hitchcock fue un maestro en este arte. Ël siempre hizo sus películas de este modo, de manera que al menos dos diferentes tipos de audiencia pudieran disfrutar al máximo de ellas. Básicamente, sus películas funcionaban absolutamente como un thriller clásico de crimen o de detectives dirigidos por el gusto del suspense (el género de misterio). Pero también podías ver la película con el interés primordial en la psicología, incluyendo asuntos como el miedo, la culpabilidad, o la inhibición —así lo refleja Slavoj Zizek lo refleja en su estudio “Todo lo que siempre quisiste saber sobre Hitchcock que Lacan nunca se atrevió a preguntar”. Generar esa especie de versatilidad, en la que los lectores pueden usar un libro de forma distinta, es mi gran motivación para mi trabajo como editor.

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P. A.: Es muy interesante el paralelismo que hacéis entre el trabajo del editor y otros trabajos creativos relacionados con la post-producción, por ejemplo con el cine o la música. Los procesos de post-producción son tan sofisticados que permite pensar en la edición como una obra de autor en sí misma, basados en múltiples micro-decisiones y manipulaciones del trabajo del autor como materia prima. ¿Cómo abordáis en vuestros libros este tipo de trabajo de mediación creativa?

A. R.: Es cierto, veo al productor musical como una especie de modelo para el trabajo de un editor. Como alguien que trabaja detrás del escenario, siendo a la vez músico, ingeniero y empresario, el productor musical tiene una influencia creativa que a menudo es subestimada en el resultado final de la música, ya que está involucrado en todo el proceso de creación de una canción; comenzando por la selección de las pistas y la composición e incluyendo la mezcla y masterización. Buenos productores crean realmente el sonido de la música, como George Martin creó el sonido de los Beatles o Quincy Jones hizo el sonido de Michael Jackson. Un productor define las condiciones de percepción de una pieza musical, define el filtro a través del cual la música llegará a nuestros oídos. Un editor para mí hace lo mismo con los libros. Tomas un fragmento de contenido y te preguntas cómo quieres que se asimile en la conciencia del lector. Al hacerlo, inevitablemente te colocas a ti mismo en todas las posiciones, interfieres con el trabajo de otros protagonistas: escritores, diseñadores gráficos, imprentas, por citar sólo los roles más centrales. Experimentas un tipo de autoría distribuida, en la que el resultado final del libro raramente corresponde a un solo individuo. Más bien es como jugar al fútbol: tienes una pelota que 11 jugadores van pasando y juntos definirán el recorrido que la misma va llevando.

Cuando hacemos nuestros libros, por lo general, trabajamos desde el primer momento junto con nuestros autores y editores. Al principio tratamos de entender y enfocar las ideas del libro, al revisar el contenido con ellos, descartamos algunas partes y post-producimos otras nuevas. Trabajamos desde el ámbito de la escritura, con el fin de encontrar el tono y el género apropiado para el mensaje del libro. Siempre involucramos a nuestros diseñadores gráficos de SomethingFantastic (quienes también son arquitectos) desde el inicio del proyecto. Examinan el contenido de su parte (que no es el caso habitual con los diseñadores gráficos) y hacen su propia interpretación del contenido que luego podemos llevar juntos a otro nivel. El papel que ocupamos es algo parecido a como Sócrates se describe a sí mismo en los famosos diálogos de Platón. En Theaitetos, él se refiere a sí mismo como un asistente que ayudar a Theaitetos a sacar a la luz su propio pensamiento, realizando simplemente las preguntas adecuadas. Ese es para mí es un concepto bastante interesante de un editor actual.

Sevilla / Berlin 2013.

Para conocer más detalles y el fondo del trabajo de Ruby Press recomendamos el artículo "From editors to publishers: Ruby Press" de Nathalie Jansen, que ofrece además una reflexión sobre varios puntos claves del mundo editorial actual y su lógica. 

Más sobre Ruby Press y sus libros en su website.

Más conversaciones con editores aquí.

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